Vivimos en una sociedad que nos exige rendir exactamente igual todos los días del año, pero la realidad biológica de las mujeres es cíclica. A lo largo del mes, tus niveles de estrógeno y progesterona suben y bajan de forma drástica, afectando directamente a tu humor, tu fuerza y tu concentración. Pretender machacarte en el gimnasio o asumir proyectos enormes en el trabajo durante tu semana más baja es ir contracorriente.
Durante las dos primeras semanas de tu ciclo, los estrógenos suben y te conviertes en una auténtica supermujer con la autoestima por las nubes y energía de sobra. Es el momento perfecto para entrenar duro, agendar reuniones importantes, salir con amigas y comerte el mundo. Tu cerebro está en su punto máximo de sociabilidad y resistencia al estrés, así que aprovecha este chute natural para avanzar en tus metas.
Sin embargo, tras la ovulación, la progesterona toma el control y el cuerpo te pide frenar el ritmo para enfocarte en el descanso. Es completamente normal que en esta fase te apetezca más un plan de manta y peli, que toleres menos el ruido o que tu rendimiento físico disminuya. No es pereza ni falta de fuerza de voluntad, es simplemente tu cuerpo pidiéndote una rutina de organización y autocuidado más suave.
Aprender a sincronizar tu nutrición, tu fitness y tu carrera profesional con tus fases hormonales es el verdadero secreto del bienestar emocional. Deja de castigarte por los días en los que te falta el aire y empieza a escuchar los mensajes que te envía tu biología. Al final, trabajar a favor de tu ciclo en lugar de luchar contra él es el mayor acto de amor propio que puedes hacer.