¿Te has fijado en que la mayoría de cadenas de comida rápida utilizan el rojo y el amarillo en sus logotipos? No es una coincidencia estética ni una falta de originalidad entre diseñadores. Esta combinación se conoce como la teoría del ketchup y la mostaza y está comprobado que estimula el apetito y nos hace comer más rápido.
El rojo aumenta el ritmo cardíaco y nos pone en un estado de ligera excitación, mientras que el amarillo transmite felicidad y optimismo. Juntos crean una urgencia psicológica que te empuja a pedir el menú más grande y a abandonar la mesa pronto para que entre otro cliente. Es una forma de marketing sensorial que controla tus impulsos básicos sin que te des cuenta.
En cambio, es muy difícil encontrar restaurantes que usen el color azul en su decoración principal. El azul actúa como un supresor del hambre porque casi no existen alimentos naturales de ese color, por lo que el cerebro no lo asocia con comer. Al final hasta el color de las paredes está decidido para que tu cartera se vacíe un poco más.