La mayoría de los hombres comete el error estratégico de mostrar todas sus cartas desde el primer momento en que conocen a una mujer que les resulta atractiva. Se vuelven predecibles, contestan a los mensajes al milisegundo y están siempre disponibles para cualquier plan de última hora. Esta actitud destruye por completo la tensión y el misterio que son fundamentales para que se cocine el deseo en las primeras etapas de una relación. La psicología humana funciona de una forma muy curiosa, y es que valoramos muchísimo más aquello que nos cuesta conseguir o que percibimos como escaso.
Cuando reduces un poco tu disponibilidad y no te muestras desesperado por gustar, provocas que la otra persona empiece a pensar más en ti y a preguntarse qué estás haciendo. Ese espacio de incertidumbre es donde realmente se genera la atracción, ya que obligas a su mente a esmerarse por descifrar tu comportamiento. Se trata de aplicar la psicología del desapego para destacar entre la multitud de pretendientes aburridos que hacen siempre lo mismo. Si eres el único que no le regala la atención al instante, te conviertes automáticamente en el reto más interesante de su radar. ¿Te has fijado en que las personas que parecen pasar un poco del tema suelen ser las que más éxito tienen?
Esto no significa que tengas que jugar a ser un fantasma, ser un maleducado o ignorar a la gente de forma inmadura cuando te hablan. Consiste simplemente en tener una vida propia tan ocupada y centrada en tus proyectos que tu atención sea un recurso valioso y limitado de verdad. Cuando respondes a un mensaje un par de horas tarde porque estabas entrenando o trabajando, no estás fingiendo, estás demostrando que tienes prioridades claras. Esa independencia emocional es uno de los rasgos más magnéticos y atractivos que un hombre puede proyectar ante los demás.
Deja de perseguir y de intentar forzar las cosas y permite que la atracción fluya de forma natural manteniendo tu propio espacio. Conviértete en un hombre enfocado en su propio camino y haz que los demás también tengan que ganarse un hueco en tu vida. En el momento en que dejes de actuar como un cazador desesperado y empieces a valorarte como el premio de la historia, las tornas cambiarán. Al final, el deseo real nunca se suplica, se genera manteniendo un toque de misterio que invite al otro a querer descubrirte más.