Casi todas las mujeres abrimos el armario por la mañana, nos quedamos mirando las perchas llenas y soltamos la típica frase de que no tenemos nada que ponernos. La realidad no es que te falte ropa, sino que sufres de fatiga visual por ver las mismas prendas combinadas siempre de la misma manera exacta. Nos encasillamos en fórmulas seguras que funcionan y terminamos aburriéndonos de nuestro propio estilo personal por pura falta de novedad.
El verdadero secreto para renovar un look no es pasar por caja en las tiendas, sino dominar el arte del contraste y las proporciones con lo que ya tienes. Consiste en romper las reglas que tú misma te has impuesto, como mezclar esa americana de vestir con unos tenis deportivos y una camiseta básica para quitarle seriedad. O atreverte a combinar texturas diferentes, como un jersey de punto grueso sobre ese vestido de satén que tenías guardado para las vacaciones.
Otro detalle que cambia por completo la energía de cualquier conjunto básico son los accesorios estratégicos y la forma en que llevas la ropa colocada. Unos vaqueros y una camisa blanca pueden pasar de sosos a espectaculares simplemente remangando los puños con estilo, añadiendo unos pendientes llamativos o usando un cinturón que defina tu silueta. Se trata de jugar con las prendas como si fuera un rompecabezas creativo, perdiendo el miedo a experimentar delante del espejo.
Hacer un détox de armario y redescubrir lo que ya compraste en su día te ayuda a ahorrar dinero y a definir una imagen mucho más auténtica. Deja de buscar la felicidad en las novedades semanales de las grandes marcas y empieza a exprimir el potencial oculto de tu propio vestidor. Al final, el estilo no depende del tamaño de tu cuenta corriente, sino de la imaginación que le pongas al combinar tus piezas favoritas.