Seguro que alguna vez has notado que las ruedas de tu carrito de la compra hacen un ruido extraño o vibran al pasar por ciertas zonas de la tienda. No es que el carro esté roto o el suelo sea viejo, sino que muchas grandes superficies colocan baldosas más pequeñas en los pasillos de los productos más caros. Al pasar por ahí, el traqueteo del carro se acelera y tu cerebro interpreta de forma inconsciente que vas demasiado rápido.
La reacción natural de tu cuerpo ante esa vibración molesta es frenar el paso y caminar más despacio para reducir el ruido del carro. Al ralentizar tu marcha, pasas mucho más tiempo delante de las estanterías de las marcas premium y es más probable que termines metiendo algo caprichoso en el carrito. ¿Te habías parado a pensar alguna vez en cómo algo tan simple como el diseño del suelo puede modificar tu forma de caminar?
Es una técnica de manipulación física muy sutil que busca vencer tus prisas para que consumas de forma más relajada. Las tiendas estudian cada milímetro de tu recorrido para que el paseo te resulte lo más largo y tentador posible. Al final, tu velocidad de compra no la decides tú, sino el ritmo que las baldosas marcan bajo tus pies.