Por qué comer picante es lo más parecido a sentir un dolor placentero

Cuando muerdes un chile o una salsa muy fuerte, no te estás quemando realmente la boca aunque sientas que te sale fuego por los oídos. Lo que ocurre es que una sustancia llamada capsaicina engaña a los receptores de calor de tu lengua. Tu cerebro recibe una señal de emergencia de que te estás quemando vivo y reacciona de una forma muy curiosa para protegerte.

Como respuesta a ese «dolor» falso, el cerebro libera una oleada de endorfinas y dopamina para calmar el sufrimiento. Es por eso que, después del incendio inicial, mucha gente siente una sensación de euforia y bienestar que engancha. ¿Te has fijado en que hay personas que no pueden comer nada sin añadirle una cantidad loca de picante?

Básicamente, los amantes del picante son adictos a esa recompensa química natural que el cuerpo genera para sobrevivir al calor. Es una montaña rusa de sensaciones que mezcla el peligro con el placer en cuestión de segundos. Al final, comer comida picante es una forma segura y barata de darle un pequeño susto a tu sistema para sentirte más vivo.

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