Existe un comportamiento digital muy común pero que casi nadie admite en público llamado cotilleo de odio o hate-following. Consiste en seguir de cerca el perfil de una persona que te resulta insoportable solo para ver qué hace, cómo viste o qué tonterías publica. Aunque parezca un comportamiento masoquista, tu cerebro recibe una descarga de superioridad moral muy adictiva cada vez que confirmas que esa persona hace algo que tú consideras ridículo.
Nuestra mente utiliza el desprecio hacia otros para reforzar nuestra propia identidad y sentirnos más seguros de nuestras decisiones y de nuestro estilo de vida. Al criticar mentalmente sus publicaciones, te recuerdas a ti mismo lo que no quieres ser y te reafirmas ante tu grupo social. ¿Te has dado cuenta de la cantidad de tiempo que gastas analizando las historias de alguien a quien realmente no soportas?
Esta obsesión silenciosa puede llegar a ser muy agotadora y desgasta tu energía diaria sin que te aporte nada positivo. Los expertos recomiendan bloquear o silenciar estas cuentas para romper ese círculo de negatividad de forma drástica. Al final, el mayor castigo para alguien que busca atención en internet no es tu crítica, sino tu más absoluta indiferencia.