Parece masoquismo, pero tiene una explicación científica muy reconfortante. Cuando escuchamos música triste estando de bajón, nuestro cerebro libera una hormona llamada prolactina. Es la misma hormona que nos ayuda a calmar el dolor y genera una sensación de consuelo, como si recibieras un abrazo químico.
Básicamente, la música triste engaña al cerebro haciéndole creer que estamos ante un evento traumático, y este responde enviando «refuerzos» para que te sientas mejor. Es un mecanismo de autodefensa que nos ayuda a procesar las emociones en lugar de enterrarlas. ¿No te parece increíble que una canción pueda actuar como una medicina?
La próxima vez que te pongas ese disco que te hace llorar, no te sientas mal por regodearte en la pena. Tu mente solo está intentando equilibrar la balanza para que vuelvas a estar bien lo antes posible. Al final, el mejor psicólogo a veces está en tu lista de reproducción favorita.